viernes, 05 de octubre del 2007 a las 01:03
La cruz que lleva una linterna, el estigma que le da su razón de ser, aquello de lo cual no puede escapar, es la característica de que con ella podemos ver lo que anteriormente no veíamos, es decir aquello que estaba oscuro, lo que aparecía como imposible, o incluso, ver con una luminosidad nueva aquello que veíamos hasta entonces de una determinada manera y no de otra.El poder, o las personas que lo ostentan, se encargan de implantar determinada visión sobre la realidad, es decir que nos estructuran la cabeza, nos hacen tener una mente cuadrada sin posibilidad de imaginarse a la realidad o a sí misma de otra manera, ya sea triángula, romboide, circular o como sea. Pero al mismo tiempo hay cosas que se ocultan, que se convierten en invisibles, o que solamente aparecen como no importante, como boludo. Es decir que lo que aparece como fundamental en la vida de la sociedad, es aquello que importa pretendidamente por los poderosos de turno, que a veces parecieran ser los mismos de siempre.Entonces las linternas pasan a ser algo molesto. Si bien aparentemente son solo un objeto elaborado por el sistema capitalista de la sociedad para que entren en el círculo vicioso del consumismo, se convierten en instrumentos con una fuerza imparable, con una potencia que nos sorprende. Y aquí nace una contradicción inherente al sistema mismo que no puede ser salvada, aunque muchos prefieran eludirla y olvidarla, es decir guardarla en lo oscuro, en lo imposible de ser visto. Me refiero a que aquellos objetos producidos para fortalecer el sistema económico, lo cual es equivalente a decir que son producidos para incrementar los bolsillos de los empresarios industriales, se convierte en algo que ataca a su origen propio, se convierte en un instrumento propicio para ser utilizado por los que se oponen al sistema. Esto me hace recordar mucho a la película Robocop donde este robot inventado por las corporaciones dominantes del sistema económico en Detroit para mantener el establishment, se vuelve contra sí mismo, es decir que el robot los enfrenta, los desafía; es como la historia siempre repetida de nunca acabar del chico, del adolescente que se anima a enfrentar la autoridad de los adultos, la autoridad de sus padres.Pues bien, creo que es importante saber que ese es el objetivo de las linternas, por eso es necesario que cada uno tenga una, es una obligación que todo ser humano deba tener a su disposición alguna linterna. Porque las linternas son el instrumento democrático por excelencia, más poderoso para el sistema que las urnas mismas. Democracia no significa solo poner un sobre en una urna cada cuatro años, democracia es algo más profundo, algo que atañe más al diario trajín de todos los días, la democracia es una especie de sublevación cotidiana, la cual se manifiesta en cada actitud, en cada deseo, en cada interés, en cada palabra. Por eso, una linterna es democrática, porque con una linterna podés ver lo que querés y cuando querés, o no mirar lo que no querés ver, porque democracia es imaginar lo que quieras, reír de lo que se te de la gana, ver lo que se te pasa por el culo y lo que no se te pasa también, apuntar hacia lo que está en las sombras, oculto y mirarlo, y si a partir de eso querés imaginar algo, lo imaginás, y si no, no lo imaginás, porque no hay nada tan espantoso y terrible como para que no se puede mirar. Por todo eso, mamá, papá, cuando sea grande solo quiero ser un traficante de linternas.