HECHOS EXTRAORDINARIOS DE LA TIERRA DE LO NUNCA SUCEDIDO
Todos los niños de esa ciudad, quines siempre al árbol le habían sido indiferentes, una tarde comenzaron a ir a jugar alrededor de él, trepaban por sus ramas, saltaban entre sus raíces, corrían por doquier, comían sus frutos, actividades éstas siempre acompañadas por estridentes carcajadas y agudos griteríos.
Aquella tarde parecía eterna, el sol nunca caía. La noche jamás se posó sobre aquel árbol, la cantidad de niños se multiplicó. En la ciudad sus padres los buscaron intensivamente, sin embargo ahora eran ellos quienes no prestaban atención al árbol, nadie se imaginaba que los niños podrían estar allí. Y los niños continuaban, como si las horas nunca pasaran, jugando alrededor de aquel árbol.
Hasta que en un momento en el cielo se desató una tormenta, gotas cayeron, refocilos se vieron, truenos se escucharon y, de repente, un rayo atravesó al árbol partiéndolo en dos mitades exactamente iguales.
Los niños, al verse sin ese bello árbol que los protegía, regresaron a la ciudad. Pero vino a suceder que cuando llegaron se dieron cuenta que ya no eran niños. Adultos algunos y ancianos otros ya eran, y ninguno recordaba que en alguna ocasión había existido un inmenso árbol dador de frutos dorados.



