¿Cómo pensar el amor en estos tiempos de internet? El postmodernismo nos impulsa hacia la creación de espacios virtuales, el fin de la historia encuentra a unos locos tratando de unirse en un contexto de desunión, de derrumbe de ideologías. Y en ese espacio de escansión surge la unión y la desunión, el amor y el desamor, surge la résistance porteña de Puerto Madero, con sus nuevas utopías de tarjetas doradas.
Una vez hubo en café. Triste y solitario, aunque a veces alegre y lleno, según el partido de fútbol en cuestión, según el tema impuesto en la tapa del matutino, tan real como un comezón, tan fantasmático como los goles que nunca fueron. Pero ahí estaba él, en una esquina, en la mitad de cuadra, acompañado por taxistas, estudiantes o alguno que tenía que hacer tiempo. Mas siempre había algo que faltaba: en algún momento el cafetín se quedaba solo, triste y vacío, en algún momento el café se cerraba, los mozos y sus propinas se iban, la reja al caer clausuraba el día, y el pobre café volvía a su soledad.
Hasta que un día llegó la internet, y con su magia, su irreal realidad, sus prepotentes desafíos a las categorías de tiempo y espacio, enamoró al café solitario. Consumaron su amor entre cortados y páginas triple X, entre tostados de miga y chats, entre clásicos del domingo y juegos en red. Y de allí, fruto de ese amor, surgió el Cyber café: combinación perfecta entre el tradicional cafetín de barrio y la revolucionaria red de redes.
Eran los dorados 90 y todo parecía andar bien, pero así como la mejora del enfermo antecede a la despiadada muerte, los tiempos de amor y lujuria concluyeron. Luego de crisis e incertidumbre, cada cual siguió su camino: el café hechó a los jóvenes chateadores, y volvió a convocar a los viejos taxistas. La internet se enquistó en la privacidad de los hogares, lejos de las muchedumbres callejeras.
Pero como reza el viejo adagio: donde hubo fuego cenizas quedan, el amor volvió a entrometerse entre ambos. Fueron años de desolación, de nihilistas desesperanzs y acuciantes soledades.
Pero el siglo XXI daba pasos agigantados, y en cada pisada dejaba una huella con una laptop, una notebook. Y dado que era movediza, la internet no se quedaba quieta, dando lugar a que surgiera la internet inalámbrica. El avasallador nuevo siglo traía nuevas oportunidades para el amor: una persona podía ir a tomar un café y necesitar conexión inalámbrica de internet para usar su notebook.
Y así fue como la lujuria amorosa de los 90 volvió a aparecer, dando como resultado una café con conexión wi fi.
El amor está de vuelta. Un edificio de romance apasionado surge en esta era de crisis capitalista. Café con wi fi aparece sólido, construyéndose una nueva oportunidad, desafiando a los paradigmas de la soledad y el asilamiento que algunos excépticos dicen que predomina en esta época.
¡Viva el amor en tiempos de la influenza! ¡Viva el café con conexión wi fi!