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La conspiración de las braguetas

sábado, 15 de octubre del 2011 a las 12:01
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Existen sobrados y elocuentes datos acerca de la conspiración de las braguetas. La premisa reza así: “en el encuentro ante una mujer que le resulte apetecible, la bragueta del hombre se deslizará lentamente dejando ver el color de su calzoncillo.” El pavor, la vergüenza, desde el lado masculino, y el asco proveniente desde el sector femenino, no se harán esperar. Pero ¿qué controla a las braguetas? ¿Tan solo se trata de efectos de fábrica, como si fuese una predisposición genética, que ante un suceso exterior y accidental como una inminente erección, se desencadena, dejando en triste y ridículo lugar a la intentona de galán de turno? No lo sabemos. No tenemos las respuestas, solo alguna que otra pregunta. De lo que sí estamos seguros es que las braguetas, más tarde o más temprano, nos condicionarán el posible encuentro con el amor de nuestras vidas. Así que amigo lector, cada vez que salga de su casa corrobore el estado de su ropa interior.

Testimonio de un fantasma

sábado, 05 de febrero del 2011 a las 00:10
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Tradicionalmente se considera que los fantasmas que andan por ahí son almas en pena. Algunos dicen que tuvieron una muerte traumática y, por ende, hay una energía dando vuelta que no se terminó de tramitar. Otros señalan que los espíritus tienen un objetivo, una misión, y que seguirán penando hasta que lo cumplan. Similar posición mantienen aquellos que piensan que las ánimas están en busca de una venganza. Unos más aseguran que al haber tenido una vida terrenal espantosa, no pueden pasar a mejor vida. En algunos lugares hablan de que las almas corresponden a enamorados no correspondidos que penan por sus amadas.

En fin, fantasmas, almas, ánimas y espíritus serían todos sufrientes. Han estado todos equivocados. Una pavada tras otra.

¿Por qué alguien que tuvo un espantoso perecer, una vida desgraciada, una vez que ha muerto va a decidir quedarse en ese lugar?

Yo les voy a decir la verdad. Los finados tenemos libre albedrío. Al morirnos decidimos, ya sin condicionamientos ni presos de circunstancias apremiantes, elegimos qué queremos hacer.

Por lo tanto las almas que nos quedamos en el planeta somos las que tuvimos una vida plena, rodeada de puras satisfacciones.

Sin ir más lejos, yo fui un aristócrata que disfrutó de los privilegios de mi clase: fiestas, banquetes, doncellas bellísimas, viajes a insólitos sitios y tantos etcéteras que me dejaban siempre ajeno de preocupaciones mundanas. Morí a los ochenta años por un infarto, de un día para el otro, casi sin darme cuenta. Vi a mis familiares erigir sus destinos en función de sus deseos. Sí, acá la pasé muy bien, ¿por qué me voy a ir a un cielo, a un infierno o a quién sabe dónde? Señores, créanlo, yo no me quiero ir más.

Por lo tanto, cuando usted se encuentre ante una aparición, no se asuste, no se alarme, sepa que está frente a alguien que supo disfrutar de la vida, y que ahora, sabe disfrutar de la muerte.

¿Cómo elegir una toalla?

sábado, 20 de noviembre del 2010 a las 21:57
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Dado que en el blog de El Traficante de Linternas cada vez tenemos más visitantes de amas de casas que nos demandan respuestas a preguntas estúpidas, nos convertimos en amos que satisfacen la demanda de ellas dando respuestas para que sigan amando al presente blog.

¿Cómo elijo una toalla que seque bien?, pregunta una infeliz que no tiene otra cosa para hacer más que escribir a unos energúmenos sin rostro.

Tema de hoy: la toalla, podría proponer una maestra para una redacción escolar.

Quizás la característica más asombrosa de una toalla es que es un elemento que sirve para secar el cuerpo, y que, al mismo tiempo, se la considere sucia cuando está húmeda. ¿Y cómo se le quita dicha humedad? Pues con más humedad, ya que la única forma de dejarla limpia es lavándola con mucho agua, es decir humedeciéndola aún más. Contradicciones evidentes que las amas de casa amigas de este blog deberán tener presente.

Al mismo tiempo surge la incógnita a partir de los hechos fácticos de aquellas mujeres, que aman a sus casas, referente a que, cuando compran una toalla, la misma no seca sino hasta pasado unos cuantos intentos de secado. Así encontramos que las toallas usadas, que ya están experimentadas en recibir humedad, que aparecen como gastadas, que podríamos denominar como viejas, que poseen experiencia, que cuentan con un número suficiente de canas en su imaginaria cabellera, son las que pueden dejar un cuerpo realmente seco, hacer que un rostro esté listo para salir a la calle luego de ser lavado para quitar las lagañas matutinas.

Quizás ya estamos en condiciones de pensar en una respuesta para nuestras amigas limpiadoras del hogar. Querida amiga, cuando concurra a adquirir una toalla, piense en estos consejos aportados por El Traficante de Linternas. Vaya y reclame en la tienda pertinente toallas viejas, experimentadas, y húmedas.

Desde el Traficante de Linternas seguiremos sosteniendo la defensa de todo lo viejo y húmedo, no tiremos la toalla de lo antiguo y acuosos, ya que lo nuevo y seco siempre será como una barrita de cereal light que promete sabores a manzanas que nunca llegan a tal.

Quién sabe

viernes, 05 de junio del 2009 a las 15:45
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Si el norte fuera el sur. Si el chancho tuviera dengue. Si el mosquito hubiese contraído la gripe porcina. Si un heredero Aymará gobernara entre los hijos blancos de los asesinos conquistadores de Pizarro. Si un negro fuera presidente entre los esclavistas sureños del norte. Si una mujer accediera al poder entre los machistas del "che vos".  Si se arrodillaran para que la islita volviera. Si alguna vez ofreciera lo que en realidad tengo. Si el río Colorado no se hubiese teñido de ese color por sangre aborigen. Si hubiese sido gol. Si en este párrafo hubiera un si con acento. Si estas palabras no te fueran tan indiferentes. Quién sabe.

Los Casi

miércoles, 29 de octubre del 2008 a las 12:33
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A pedido de la editorial de El Traficante de Linternas, la consultora Enrique Chuleta Pucheiro realizó un relevamiento entre los que visitan el presente blog para conocer el perfil de quiénes son nuestro asiduos visitantes. En tal sentido, por medio de una serie de encuestas, la consultora llegó a la conclusión de que casi la totalidad, el 99,9% de las visitas pertenece a los casi.

¿Qué es un casi? ¿Quiénes son? ¿Por qué se han hecho adcitos a nuestro blog?

Aparentemente un casi consistiría en esos energúmenos contrariados con una tirana realidad que no colma la totalidad de su deseo, pero sí en cambio satisface a una parte de aquel deseo. Los casi son aquellos casi humanos, casi animales, casi bestias, casi poetas, aquellos que tienen novias casi lindas, novios de los cuales casi se enamoran, que miran las películas casi completas, gente americana casi europea, europeos casi aborígenes precolombinos, los que festejan los casi goles, se enojan con los casi penales, casi reniegan por la vida que les toca, casi famosos empeñados en firmar autógrafos, casi héroes que alguna vez fueron casi recompensados, casi avaros en los sábadas por la noche con la persona de sus sueños, casi con esperanzas, casi resignados, casi irónicos en las tragedias, casi frsutrados en las tapas de los matutinos, casi violentos poniendo los dedos en V, casi caníbales de las ensaladas de un casi cheff, casi rencorosos con la burocracia casi imperial, casi millonarios en la villa más miseria que se pueda imaginar, casi talentosos, casi mediocres, casi comprometidos, casi touch and go, casi sedientos de una sangre casi azul, casi... casi...

Quizás responder a un por qué de tan masiva presencia de estos casi seres humanos en nuestro blog, en este blog casi virtual, casi real, casi sociable, casi solitario, casi inteligente, casi estúpido, se deba a que aquí mismo buscamos una casi verdad y una casi ficción, un casi crónica de nuestras mentiras y un casi cuento de nuestra realidad, una casi ironía sincera, un casi relato cruel y devastador.

Esperamos haber entendido un poco más a nuestros lectores, a aquellos que entran al blog de El Traficante de Linternas y casi terminan de leer un artículo. En última instnacia, desde El Traficante de Linternas, casi los comprendemos.

Estupidez y consejos

domingo, 06 de julio del 2008 a las 17:56

La Universidad Nacional de Parque Camet ha difundido sus nuevos hallazgos científicos, donde el descubrimiento más destacado es aquel donde los hombres de batas blancas han establecido que existe una alta relación entre la cantidad de consejos que un sujeto emite y el grado de estupidez que esa persona presenta.

Según estos especialistas, por medio de instrumentos altamente confiables, se pudo establecer que cada vez que aumenta una de estas variables, por ejemplo la cantidad de consejos que se emiten, se produce un incremento en la otra, el grado de estupidez.

De este estudio, EL TRAFICANTE DE LINTERNAS desprende un consejo lógico: no siga ningún consejo, ya que nada útil puede conseguirse de los consejos de un estúpido. Siga este consejo dado por EL TRAFICANTE DE LINTERNAS y verá como su vida da un giro de 360 grados, y no de 180 grados como algunos estúpidos consejeros querrán hacerle creer.

Trescientos noventa y cinco metros (a los pibes de Cromañón)

jueves, 05 de junio del 2008 a las 23:50

Atisbos de discursos religiosos en matafuegos de caramelos

que atacan a unas serpientes de humo que aromatizan a tus pezones mismos,

la soledad entraña a chicos de una calle de trescientos noventa y cinco metros

como lo es el puerto del que a veces zarpan barcos sin timones bailarines

recorriendo un gran océano de treinta mil desafinados violines.

Pañuelo en la cabeza, pañuelo en el cuello, el dolor provoca un resfrío

en estos cerebros y estas gargantas de lo que nunca tuvo que haber sido

dentro de la insólita y suspicaz muerte de la ausencia de la presencia

como castillos de nieve en mar de veranos y sus reminiscencias

al pasado, al futuro, aunque no hay mención a los cadáveres del presente

y pese a los titulares mudos alguien dijo la lengua es de la gente,

caen los vidrios de un cielo celeste que se desnuda en la venganza,

que ya no hay sonidos de la eñe porque estamos en épocas de bonanzas

es una verdad entre dientes, a medias, calzoncillos y relojes

y una voz de pestañas secas hoy nos grita: ¡Año nuevo, que no afloje!

Una dama de blanco (basado en una leyenda urbana marplatense)

domingo, 03 de febrero del 2008 a las 20:58

Estoy realmente indignado. Hay cosas que uno vive y luego ya no se pueden olvidar.  En este mundo existe mucha gente estúpida que vive solo para sí misma sin importarles lo que le pasa al otro, a su semejante.

Anoche volvía en mi taxi por la avenida Peralta Ramos, la continuación de Independencia, ahí en la zona del cementerio. Les cuento a los que no son marplatenses que cerca de dos de los cementerios de esta ciudad hay varios telos, varios hoteles alojamientos, de los más distinguidos, de los más elegantes. Pues bien, ayer tipo cuatro de la mañana había levantado una parejita en la zona de Alem (zona de boliches si las hay) y los llevaba a uno de estos telos. Uno de mis ojos miraba la avenida para no chocar ni nada de eso, pero el otro lo tenía fijado en el espejo retrovisor, entretenido en como se daban besos esos pibes, el flaco metía mano por todos lados, a la chica no le alcanzaba la lengua para inspeccionarle al muchacho toda la garganta, yo ya no sabía qué hacer, quería decir algo como: "¡qué calor que hizo hoy!", "que bueno para los turistas", "el tránsito es una locura", pero no podía meter bocadillo, el pibe ya se iba a ocupar en meter lo que había que meter.

Dejé a la parejita en el telo, totalmente acalorados, y no solo por la alta temperatura nocturna, estaban tan desperados que ni se percataron de que no les había dado el vuelto, me dejaron inintencionadamente una buena propina.

Entonces me decidí volver a mi casa, estaba cansado, había trabajado bastante, tenía ganas de tirarme a dormir, recostarme en mi cama y olvidarme por unas horas del taxi. Iba saliendo por la avenida Peralta Ramos, en dirección hacia Juan B. Justo, mi taxi y yo rodeados por el cementerio municipal y el privado, cuando de repente se dibujó una figura femenina tan blanca como el marfil mismo en el medio de la calle. Me hizo seña de que parara. La levanté. Tenía la cara pálida, los ojos perdidos, parecía estar ahí conmigo pero al mismo tiempo ausente, como en otro lado, lejos de lo terrenal, el efecto de la luz lunar provocaba que una aureola brillante contorneara su cuerpo, dándole una imagen algo angelical, llevaba puesto una campera gruesa, de invierno, sus labios parecían helados, como una aglutinación de nieve.

-¿No tenés calor con la campera? -le pregunté.

Me miró fijamente y, sin pronunciar palabra, se la sacó, dejándola depositada sobre el asiento trasero de mi auto. Me daba la sensación de que no quería hablar, o algo peor aún, que se había olvidado de cómo se usaba la lengua para hablar. Debajo de la calurosa campera tenía puesto una especie de vestido muy raro, como si fuera un camisón, también de un blanco intenso.

-¿Hasta dónde vas? -interrogué. La chica me dio una dirección del barrio Los troncos, el cual me quedaba de paso ya que yo vivo en la zona de La Terminal, entonces decidí llevarla, ya que mientras volvía a casa me hacía unos pesos de más.

La veía tan pero tan blanca, pálida como si nunca hubiese visto el sol, y eso que en Mar del Plata todos los que incluso trabajamos mucho durante el verano, siempre algún rincón en el día nos hacemos para ir a la playa y broncearnos un poco. Fue en ese momento cuando lo entendí todo, entendí porque esa mina estaba sola y pálida ahí cerca de los cementerios y los telos, porque esa mirada atónita como fuera de este mundo. Esta era una de esas minas que están en esas modas nuevas que se oponen al sistema consumista y del mercado, y entonces dicen "yo no voy a la playa porque eso lo hace la gente tonta que no entiende que son usados por el sistema". Y que estuviera sola ahí cerca del cementerio también era claro. Seguro que había ido a algún boliche, un flaco se le acercó, tuvieron un buen inicio, el pibe la invitó a pasear y como quien no quiere la cosa la llevó en el auto para un telo. Cuando esta loca (que como todo loca, es loca pero no boluda) se dio cuenta de las intensiones del muchacho, empezó a hacer un escándalo, seguro que gritaba que la bajara, que era un desubicado, que se iba a volver sola y que se yo cuantas barbaridades más.

En fin, ahí estaba yo en mi taxi con esta loca. En un momento dejó de impresionarme su blancura y me concentré en còmo miraba todo el paisaje por la ventanilla. Parecía como cuando de chico te llevaban de vacaciones y todo te parecía increíble; como si después de años y años viera algo que valía la pena ser visto; como cuando todo lo que aparece en tus retinas te sorprende. Ya no me quedaban dudas de que era una loca, desquiciada, que los padres la habían malcriado, que era totalmente inmadura, sin modales para comportarse dentro de un taxi, ¿cómo puede ser que un pasajero no le hable a su taxista?

Por fin llegamos a la casa de la mina. Al ver su hogar tan grande y hermoso, con esas típicas piedras marplatenses en el frente, con un sinuoso jardín en la entrada, jardín que se notaba que era cuidado por un profesional de las plantas, en ese momento entendí que eso de que era malcriada se debía a que era una chica bien del barrio Los Troncos, una familia de ricachones que pese a tener dinero en demasía no pudieron criar una hija de manera normal, sino que les había salido esta loca que estaba en el asiento trasero de mi auto.

Cuando la mina se estaba bajando me mira y me dice -No tengo plata, pero vuelva mañana que le van a pagar.

¡Ah bueno! Listo, confirmada mi hipótesis. ¿Semejante casa en uno de los barrios más chetos de Mar del Plata y no tenés unos míseros billetes para pagar un viaje en taxi? Solo se trataba de una pendeja malcriada que salía a gastar plata en la noche marplatense y se quedaba sin nada para el taxi y encima tenía el decoro de hacer que un pobre laburante como yo la llevara hasta su lujosa casa. Dios mío, en qué mundo vivimos.

Dejé que se fuera. Ya me había cansado de esa loca. Además, cuando la había recogido, ahí en los alrededores del cementerio, yo ya estaba decidido en irme a dormir, y la casa de esta loca realmente me quedaba de paso.

Hoy a la mañana me desperté. Fui hacia mi auto, abrí la puerta, y mientras el sol veraniego, sin pedir permiso, se metía por todos lados, me percaté de que la loca se había dejado esa campera pálida como su cara en el asiento trasero de mi taxi. Como su casa quedaba cerca de la mía se la llevé, así, de paso, haciéndome el tonto, como quién no quiere la cosa, me cobraba el viaje de anoche, total mami y papi ya le habrían dado nuevos billetes.

De día la casa era más linda aún, las piedras lucían más, incluso las flores del jardín parecían más bellas. Me atendió una mujer de alrededor de sesenta años. Con cierta reticencia e incertidumbre miró la campera blanca que yacía en mi mano.

-Buenos días. Anoche traje a una chica hasta acá, que no me pagó el viaje, y se olvidó esta campera en mi taxi.

La mujer en silencio. Mirando a la campera como si de la muerte misma se tratara, perdida en algún recuerdo tan íntimo como cercano a esa campera.

-Esta campera era de mi hija. Ayer hizo veinte años que murió. Cuando falleció la llevaba puesta. Está enterrada en el cementerio municipal.

La mujer, ya con varias lágrimas atravesando su rostro y un miedo tan profundo como inaudito en su ojos, tomó la campera, la abrazó como no queriendo soltarla nunca más, se aferró como si de su difunta hija se tratara. Nuevas y más gordas lágrimas se le desprendieron. Un mar de sufrimiento, recuerdo, dolor, angustia y emoción surcaba sus arrugas, ahogando a su piel en un océano de añoranzas y nostalgias.

La mujer no me dijo nada. Con la campera en la mano y miles de lágrimas en su rostro, con las inquietudes y esperanzas de quien recibe un enigmático mensaje, se metió dentro de la casa dejándome en la puerta de entrada, solo acompañado por las lindas flores del jardín

Y ahí, en ese preciso instante, en ese terrible momento de congoja e incertidumbre, ahí fue cuando me indigné con esa pendeja y su familia de porquería. Porque está bien, yo entiendo que vos sufras porque tu hija está muerta, que no puedas superar un hecho tan trágico, está todo bien, no tengo problemas con eso. Pero de ahí a que no puedas reconocer el laburo de un pobre trabajador del volante que encima te alcanza hasta tu casa la campera que te olvidaste, y vos, con una casa re linda, donde se nota que no pasan necesidades, no te dignes en pagar un viaje, y ni siquiera digas gracias, eso sí que me indigna. Odio a esa gente con esos duelos patológicos que no se ponen en el lugar del otro, creen que sus problemas son los únicos que existen e importan. Todos tenemos problemas, yo los tengo, pero si me subo a un taxi, como mínimo voy a pagar el viaje.

Sobre el blog

El blog de traficantedelinternas

El blog de EL TRAFICANTE DE LINTERNAS. Rebeldía apta para todos aquellos adolescentes tardíos inconformes con supuestas modas, para no decir con ellos mismos. Único blog ubicado en la intersección exacta entre la filosofía metafísica y el humor escatológico. El blog más aplaudido en la convención de mancos argentinos.

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